“De
los caballeros andantes a los conquistadores”
En la Europa de la Edad Media, la actividad guerrera era considerada muy
valiosa y admirable.La valentía, el uso adecuado de las armas y la habilidad en el manejo de los caballos eran principales virtudes de los "caballeros", llamados así porque siempre montaban a caballo.
Estos debían ser fieles defensores del cristianismo y estar siempre dispuestos a combatir a aquellos infieles; también debían ser fieles a sus reyes y señores y castigar a quienes quebrantaran la ley.
En esa época, se hizo muy famosa la figura del "caballero andante", un guerrero que vagaba por los caminos de su país, luchando contra enemigos y protegiendo a la gente.
Sin embargo, muchas veces los caballeros estaban lejos de cumplir ese ideal, ya que atacaban y robaban a aquellos que no podían defenderse contra ellos.
Eran tan continuas las guerras entre caballeros, que la Iglesia Católica tuvo que imponer la llamada "Paz de Dios" en el año 990 para obligar a los caballeros a jurar que no atacarían más a los sacerdotes, a las mujeres ni a los campesinos.
En la península Ibérica, el guerrero cristiano debía estar siempre dispuesto a combatir sin cuartel a los musulmanes que gobernaban la parte sur de la península. Según ellos, estos musulmanes, quienes también eran conocidos como "moros", eran invasores que debían ser expulsados de sus tierras. Por ello, los cristianos hicieron la guerra contra los musulmanes durante más de 600 años.
Los guerreros cristianos tenían como santo patrono a un guerrero, el apóstol Santiago, a quien llamaban Santiago Matamoros, porque los ayudaba a matar a los moros. Según sus creencias, los caballeros que seguían el ejemplo de este santo, irían al cielo y, aparte, recibirían grandes recompensas en la Tierra.
Esto fue una motivación tan fuerte, que los guerreros cristianos vencieron a los musulmanes y los expulsaron de la península ibérica en 1942.
Después de que Colón llegó a América, los guerreros cristianos lo siguieron para conquistar a los indígenas y colonizar estas tierras. Para ellos, los indígenas eran "infieles, como los musulmanes, y debían ser forzados a aceptar la "única" religión, que era la cristiana.
En las campañas para someter a los indígenas, los españoles quemaban y destruían los templos de los "infieles" y los masacraban en sus propias plazas, para que así aprendieran a "temerle a Dios".
“Intercambio
de productos Europa-América”
DE AMÉRICA A EUROPA DE EUROPA A AMÉRICA Maíz
Caballo Papa
Vaca Tomate
Cerdo Ají
Oveja Cacao
Gallina , Chocolate Pollo Vainilla
Abeja Tabaco
Trigo Habas
Caña de Azúcar Porotos
Arroz Asiático Lima Cebada
Mandioca
Pera Calabaza
Lechuga Palta Durazno Maní Sandía Ananá
Banana Girasol Olivo
, Avena, Soja
ALIMENTOS ANTIGUOS
DE LOS ANDES:
Entre las plantas alimenticias comunes de origen americano están la calabaza,
el chayóte, el calabacín, el maíz, el topinambur, el frijol, el camote, tres
miembros de la familia del beleño, el pimiento en sus variedades
dulces y picantes, el tomate y la papa. Desde que los españoles las llevaron a Europa
en el siglo XVI, se han cultivado diversas variedades, distintas en aspecto,
sabor y propiedades culinarias.
La papa o patata era la base
de la alimentación de los incas, cuyo imperio se extendía por la cordillera de
los Andes, en gran parte de lo que ahora es Perú, Ecuador y Bolivia. El
conquistador español aceptó este tubérculo, pero suprimió el cultivo de otras
plantas que, sin embargo, sobrevivieron en el altiplano andino. Incluso,
algunas se han cultivado en regiones distantes de Su-damérica, aunque no tienen
un mercado vasto.
Por ejemplo, el tamarillo —de
la familia del beleño—, cuyo nutritivo fruto en forma de huevo, de color rojo
oscuro y sabor intenso, es muy apreciado en Nueva Zelanda.. Lo mismo sucede con
la oca, un tipo de acederilla cuyo tubérculo color de rosa es ácido cuando está fresco pero,
al madurar, su pulpa harinosa de color blanco adquiere un sabor parecido al del
higo. Otro tubérculo andino es el ulluco. Cuando el frío marchita sus hojas, se
recogen los tubérculos. La pulpa, de color amarillo limón, recuerda por su sabor a una papa tierna de
textura pegajosa.
En esas altitudes, donde el
agua hierve a una temperatura muy baja como para cocinar frijoles, los
habitantes de los Andes fríen en aceite vainas de nuñas que, al abrirse,
ofrecen un centro suave de sabor parecido al del cacahuate asado.
Entre los frutos de la región
incaica hay una mora gigante y el babaco, pariente de la papaya que tiene cinco
lados y una cáscara serosa y amarilla. La pulpa es amarilla y su sabor recuerda a la papaya, la pina y
las fresas. El sabor de estas dos últimas se mezcla en la cremosa pulpa de la
chirimoya. Mark Twain dijo que "era la delicia misma". Este fruto de
tierras bajas asemeja un cono de pino, gordo y verde, parecido al de su
pariente cercana, la guanábana.
Otro fruto atractivo que ha
ganado un lugar fuera de su natal Perú es el pepino, llamado en ocasiones melón
de árbol. Su delicado sabor combina los del limón, la pina y el melón. Todas
estas plantas andinas han sorprendido a científicos y agricultores por su
potencial de aprovechamiento. Se encuentran entre unas cuantas plantas —unas
200 entre 380,000 especies conocidas— que nunca han sido explotadas para
consumo humano de manera sistemática. Hoy día tan sólo 20 especies proporcionan
el 90% de las reservas alimentarias mundiales.
“Piratas
en América”
El imperio español decía ser eterno, y también lo
creía: tenía la firma papal (Alejandro VI): todo el territorio
conquistado era “inalienable e intransferible”. Invocaban entonces un “derecho
divino” no sólo ante los indígenas sino también ante sus vecinos ingleses, que
hacía poco habían formado su propia Iglesia independiente. Los enemigos de
España, corsarios y bucaneros primero, luego filibusteros, en su mayoría
ingleses, eran, a los ojos de la corona española, no sólo "piratas
ladrones sino también herejes"; en la América colonial se confundía la
guerra religiosa, cuando los ingleses gritaban “muerte a los papistas!”, con la
guerra territorial o la lucha por el oro; mientras que en Europa estaba, por
épocas, todo en paz entre las dos naciones.
Los barcos corsarios llevaban patentes reales; ésta era su diferencia con
los piratas: viajaban bajo el auspicio y la protección del rey, atacando en
principio únicamente a los barcos enemigos y pagando una parte a la corona. Tenían
su capital en Dieppe, Francia, y se dice que Jean Fluery se apoderó de los
tesoros de Moctezuma que cargaba una flotilla de Hernán Cortés. Los corsarios
ya habían aparecido en las cercanías de América antes de cumplirse los 50 años
de su descubrimiento por Colón.Después de los corsarios franceses vinieron los ingleses, amparados también por la corona; Isabel de Inglaterra sostenía que los mares y los cielos son de todos...uno de los primeros fue John Hawkins, el primero en llevar esclavos negros a América. Y luego el famoso Francis Drake (vencedor de la Armada Invencible), que se presentó, al igual que Colón, ante la reina y le presentó un plan de saqueo de las ciudades de la costa occidental de América, pasando por el estrecho de Magallanes; la reina le otorgó cinco navíos y 160 navegantes escogidos para su "empresa". Fue el segundo hombre en cruzar el estrecho de Magallanes y el primer inglés en dar la vuelta al mundo; tras cruzar el estrecho con una sola nave (el resto se hundió), saqueó las costas de Perú y Chile, sembrando el terror, pero en su camino fue perseguido; huyendo hacia el norte, los vientos lo obligaron a descender en las costas californianas: él mismo proclamó esas tierras posesión de la reina Isabel de Inglaterra. Volvió a su tierra por oriente y fue nombrado caballero a su regreso, gracias a un acuerdo comercial que logró contratar con el sultán de las Molucas.
Primero fueron los corsarios, piratas legales y auspiciados por la corona; luego fueron los bucaneros y filibusteros, hombres libres y en cierta forma, amantes del trópico, “que tenían de franceses solamente el nombre”. Bucán era el lugar donde los indígenas caribes asaban y preparaban (para su conservación) la carne de sus víctimas, en las parrillas llamadas barbacoas. Los bucaneros vivían en alguna de las islas del Caribe, primero en Santo Domingo y luego en las Antillas, comerciando carne del ganado que los propios españoles habían introducido. Y la preparaban a la manera del bucán.
Generalmente franceses, los bucaneros vivían junto a los habitantes, casi todos agricultores, junto a su servidumbre traída especialmente de Europa, que después de tres años de servicio eran liberados ganando luego el estatus de bucaneros, y junto a los habitantes ocasionales llamados filibusteros: juerguistas, aventureros, conquistadores y piratas sin papeles. Los españoles odiaban a los bucaneros; los echaron muy pronto de Santo Domingo. Entonces los bucaneros se hicieron filibusteros y atacaron durante mucho tiempo las costas y sobretodo los mares orientales americanos, donde no solamente volvían a España los gordos galeones cargados de “plata del Potosí, maderas del Ecuador, chocolate Azteca y oro Incaico” sino también aquellos que salían desde España, con todo lo necesario para la manutención de la nobleza imperial: era el robo y la guerrilla en los mares.
Los filibusteros tenían sus propias leyes y una amistad “marinera” entre ellos, tanta que no arrugaban la cara a la hora de compartir una esposa. Pero dichos piratas no siempre tenían barcos: a veces tenían que hacerse con uno español, que abordaban mientras estaba anclado en alguna isla, reabasteciéndose, o con barcos menores. Entre sus leyes, el capitán era siempre el dueño del barco, se le pagaba por anticipado al cirujano, y se contemplaban pagos especiales según las heridas de guerra: un esclavo o cien escudos por la pérdida de un ojo, o dos escalvos o 200 escudos “si la herida lo obliga a llevar una cánula”.
Cada uno firmaba el contrato, el botín se repartía en partes iguales, incluso con el capitán (aunque a este le correspondía también el arriendo del barco). Se juraban lealtad y asistencia de dos en dos; si uno de ellos moría, el otro se quedaba con todas sus pertenencias...eran “los hermanos de la costa”. El capitán es casi uno más, no tiene privilegios salvo el mando. Quien infringe el contrato es dejado solo en una isla desierta.
La técnica más usada de piratería era la de la sorpresa; al avistar un barco español, se le acercaban y todos se echaban al piso (a lo mosquita muerta, como si fuera un barco apestado y en el cual sólo quedan algunos sobrevivientes), quedando a solas un marino y el capitán. A la señal abordaban, y eran terribles, rápidos y despiadados; no dudaban en matar a tiros o en arrojar al mar a los rebeldes. Quienes obedecían eran dejados vivos en alguna isla desierta. El atraque hasta la rendición no solía durar más de una hora. Después de los atraques llegaba la repartija, la prolongada fiesta, el alcohol y las mozas, ya en tierra firme. Cuando se agotaban los recursos volvían al mar, pero antes se depuraban dejando de juerguear en la propia isla, llamada de la Tortuga, abstemios, comían por varias semanas exclusivamente carne de tortuga, que decían ellos era depurativa y evacuaba los “malos humores”.
Lo que más dolía a España no eran tanto los saqueos a las ciudades costeras o a los galeones del mar como el hecho de que los piratas se pasearan libremente por entre las Antillas, en el Mare Nostrum.